• Los sondeos y la victoria de Cartes

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    En los últimos días, han aparecido encuestas un tanto contradictorias sobre la próxima elección presidencial: mientras una daba a Horacio Cartes una ventaja de más de 13 puntos, la otra daba un empate técnico entre él y Efraín Alegre.

    Este tipo de situación no es sorprendente y ocurre en todas la campañas electorales, como fue por ejemplo el caso en la reciente elección estadounidense, en la que sondeos daban resultados a veces muy apartados, inclusive colocando a Mitt Romney como el claro ganador. Con este tipo de encuestas, solo teniendo un número bastante grande de encuestas, se podría reducir el margen de incertidumbre, como lo hizo famosamente el blogger del New York Times Nate Silver, quien, utilizando un modelo estadístico, logró predecir exactamente el resultado de los comicios a nivel país y en los 50 estados norte-americanos.

    Ahora, existe otra manera de estimar el resultado de una elección. Consiste en preguntar a las personas sondeadas quien en su opinión va resultar ganador, ante que preguntarles por quien votarían. La diferencia fundamental resulta del hecho que dicha pregunta lleva la gente a dar una respuesta basada en la información que tiene acerca de la gente que le rodea. Es decir, en cierta forma, actúan como si ellos mismos sondeaban unas decenas de personas cada uno, sus familiares y sus amigos, dando mucho más poder a las predicciones. La consecuencia es que dichas encuestas resultan mucho más precisas.

    Esto es el resultado muy interesante que han desarrollado David M. Rothschild, de Yahoo! Research, y Justin Wolfers, de la universidad del Michigan, en un artículo reciente, llamado “Forecasting Elections: Voter Intentions Versus Expectations” (Prediciendo las elecciones: intenciones de los votantes versus sus expectativas).

    Most pollsters base their election projections off questions of voter intentions, which ask “If the election were held today, who would you vote for?” By contrast, we probe the value of questions probing voters’ expectations, which typically ask: “Regardless of who you plan to vote for, who do you think will win the upcoming election?” We demonstrate that polls of voter expectations yield consistently more accurate forecasts than polls of voter intentions. A small-scale structural model reveals that this is because we are polling from a broader information set, and voters respond as if they had polled ten of their friends. This model also provides a rational interpretation for why respondents’ forecasts are correlated with their expectations. We use our structural model to extract accurate election forecasts from non-random samples.

    Esto vuelve los resultados publicados hoy por Ultima Hora mucho más interesantes para los soportes de Horacio Cartes, y mucho más inquietantes para sus adversarios. De hecho, a la pregunta “¿Según su opinión, quién ganará las elecciones del 2013?”, dos encuestas distintas encuentran margenes a favor de Cartes de entre el 15 y el 18%.

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  • Fernández Bogado y las transferencias sociales

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    Me llama la atención el comentario publicado en el blog Ultima Hora por Benjamín Fernández Bogado, pues reúne en pocas líneas todos los clichés sobre políticas sociales que se suelen escuchar de parte de gente poco informada. Estos son:

    – que estas transferencias tienden a mantener la gente que las recibe en situación de dependencia;
    – que se implementan en reemplazo de otras políticas que sí podrían ayudar a combatir la pobreza;
    – que las condiciones impuestas no funcionan y son meras justificaciones para esconder la falta de políticas apropiadas, etc.

    El problema es que la mayoría de estas afirmaciones carecen de sustento empírico. En realidad, estos programas, que han sido desarrollados en todo el mundo desde los años noventa, han demostrado ser bastante eficaz en dos dimensiones:

    – Son un mecanismo de redistribución muy ágil, como se ha demostrado en Brasil, donde millones han salido de la pobreza en los últimos 10 años. Esto es muy importante en países donde otros programas de seguro social como seguros de salud, de desempleo, etc., son inexistentes para una mayoría de la población.
    – El impacto de las condiciones sobre la escolaridad de los niños ha sido muy favorables. Aumenta la presencia en la escuela, se reduce el abandono escolar, y al final la cantidad de niños completando ciclos se incrementa notablemente.

    Si bien es cierto que pueden existir efectos negativos porque la ayuda desincentiva a los recipientes (un efecto que los economistas conocen bien, lo llaman “riesgo moral”), los efectos positivos dominan ampliamente.

    En un post previo había mencionado estos puntos, dando unos enlaces hacia evaluaciones de dichos programas, y lamentado sin embargo una falta de evaluación en el caso paraguayo:


    Me asombra que a los tres años de haberse hecho cargo este gobierno, que marca una ruptura histórica en Paraguay en muchos aspectos, no se tengan estudios serios evaluando el impacto de reformas como la extensión de cinco a más de cien mil familias del programa de transferencias condicionadas, o la gratuidad y la extensión del acceso a los servicios de salud. Es irrisorio que le gobierno esperé un impacto a corto plazo sobre la tasa de crecimiento global, pues eso no va a acontecer en un país que depende esencialmente para su crecimiento formal del sector agropecuario intensivo. Pero si se deberían ver efectos claros en indicadores de desarrollo microeconómico como la salud (mortalidad infantil y maternal por ejemplo), la escolaridad o la pobreza. Estudios son legión en Brasil o México sobre programas similares (ver por ejemplo aquí).

    En todo caso, lamento que posturas intelectuales sin documentación previa lleven a desechar sin análisis lo que es probablemente la medida de mayor impacto social en estos últimos 4 años en el Paraguay.

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  • La guerra del Paraguay y el rol de los ingleses

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    Recientemente, The Economist publicó un largo artículo sobre Paraguay, insistiendo en las profundas consecuencias, hasta este día, de la guerra de la triple alianza. El artículo es interesante, aunque a veces un poco lapidario sobre las interpretaciones que propone. Por ejemplo, es ciertamente digna de atención la idea según la cual la destrucción de la antigua fundición de hierro de Ybycuí, que funcionaba en épocas de Carlos Antonio López, porque abortó el desarrollo de una estructura industrial, también impidió el surgimiento de una consciencia de clase, lo que hasta hoy deja a la izquierda muy débil políticamente. Sin embargo, es nada más que una especulación, y cabe tener en cuenta que muchos otros acontecimientos han participado de esta situación, incluyendo las persecuciones a organizaciones campesinas bajo Stroessner (una parte de la consciencia de clase en América Latina me parece tener raíz agraria). En todo caso, esto necesitaría una investigación más profunda.

    Lo que si me llamó más la atención es la respuesta del autor a los números comentarios acerca de la supuesta implicación de los británicos en la guerra grande. De hecho, debo decir que en unos años he evolucionado de una posición en la que tenía dicho involucramiento como un hecho (basado en algunas lecturas), a otra en que concuerdo con la posición del autor del post, en el sentido que la responsabilidad de Inglaterra es nada más que un mito sin base histórica. También refiero el lector al fascinante libro de Siân Rees sobre Elisa Lynch (al final es más que nada un libro sobre la guerra), el cual ilustra muy bien el engranaje terrible, incluyendo el progresivo y asustador encerramiento mental del Mariscal López en su locura, que llevo al desenlace que se conoce. No recuerdo si es en el libro mismo, o en este excelente reportaje sobre la guerra (donde ella aparece después de una hora aproximadamente), que refuta la idea de la implicación de Inglaterra.

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  • Ilusiones

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    Siguiendo sobre el tema de la inversión de Rio Tinto Alcan, recomiendo la lectura de esta nota de Fernando Masi, en la última entrega de la revista digital Economía y Sociedad. Análisis de Coyuntura Mensual, del CADEP.

    En particular, es muy interesante lo reportado por Fernando en cuanto a los resultados de la evaluación realizado por el Equipo de Trabajo Interinstitucional (ETI) gubernamental, conformado por decreto presidencial de Julio del 2012 para convertirse en el interlocutor oficial con RTA.

    De acuerdo con un trabajo realizado por técnicos del ETI a principios del 2012, el establecimiento de la fundidora de aluminio contribuiría con el equivalente al 3,6% del PIB del 2011 y con el 28,5% del PIB industrial de ese mismo año. Al mismo tiempo, las exportaciones de la fundidora serían iguales al 25% de nuestras exportaciones totales, al 46% de las exportaciones de soja y carne y al 280% de las exportaciones industriales.

    En el caso de que a la fundidora se le agregue un parque industrial, la contribución al PIB será el equivalente al 7% y la participación del PIB industrial sobre el PIB total se elevaría del 13% actual a un 20%.

    No podía soñar mejor ilustración para mi entrada de hace un par de días (donde hacía referencia al caso de Ghana, reportado en el libre de Easterly) sobre las predicciones fantasiosas que siempre ocasionan este tipo de emprendimiento.

    En cuanto a lo del parque industrial, algunos se acordaran del famoso parque industrial Chino del Este, que tenía que acompañar la construcción del aeropuerto Guaraní (otro famoso “elefante blanco”, es decir, mega-inversión con rendimiento social negativo, donde nunca se concretó el tráfico proyectado).

    Los anglo-sajones tienen una expresión para caracterizar este tipo de predicciones: “wishful thinking” (google translation lo traduce por “ilusiones”, pero estoy interesado en conocer otras opciones!).

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  • Chávez y los colorados

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    Por la anécdota, y algo más, es interesante considerar los hechos relatados en esta nota de Ultima Hora, que pone en claro el hecho que el verdadero acercamiento económico al presidente de Venezuela Hugo Chávez fue en realidad obra del gobierno colorado de Nicanor Duarte Frutos entre el 2003 y el 2008.

    No fue Fernando Lugo quien introdujo al líder bolivariano en la política paraguaya, sino su antecesor colorado, Nicanor Duarte Frutos, desde la otra vereda ideológica, dejando una millonaria deuda de Petropar a PDVSA.

    En una entrada anterior, ya había dejado en claro que la deuda de Petropar con PDVSA había sido obra del gobierno de Duarte Frutos, ilustrándolo con los mismos documentos oficiales de Contrataciones. También aquí había mencionado lo del acercamiento impulsado por los colorados.

    Aquí quedan relatados los entretelones de una historia que aún espera un final.

    Pero un “regalo” menos simbólico llegaría años más tarde, en julio de 2006, con la firma en Caracas de un convenio entre Chávez y Nicanor, que inició la provisión de petróleo venezolano al Paraguay, en un promedio de 18.600 barriles diarios de “crudo, productos refinados o gas licuado”. Paraguay debía recibir el crudo y sus derivados en condiciones de pago ventajosas, por un monto anual cercano a los 90 millones de dólares.
    El manejo de la compra del petróleo tuvo sus bemoles y la petrolera estatal paraguaya Petropar terminó acumulando una millonaria deuda con su par venezolana PDVSA, que asciende a unos 264 millones de dólares, según un último informe. La legitimidad de la deuda es cuestionada por sectores políticos y periodísticos.
    Pero el verdadero trasfondo del coqueteo político se empezó a desarrollar mucho antes, cuando el 4 de julio de 2006 se firmó en Caracas el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur, con la intención de que el país caribeño ingrese como miembro pleno al mercado común regional.
    A pesar de las aparentes diferencias ideológicas, el colorado Nicanor fue el principal abanderado de la inclusión de Venezuela al Mercosur, causa que desde el principio encontró fuerte resistencia en la mayoría de legisladores del Parlamento paraguayo.

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  • Paraguay: un futuro de Aluminio

    Aluminio

    En el capitulo 2 de su exitoso libro “The Elusive Quest for Growth: Economists’ Adventures and Misadventures in the Tropics” publicado por MIT Press (existe una versión en castellano: “En busca del crecimiento: Andanzas y tribulaciones de los economistas del desarrollo”, publicada por Antoni Bosch Editor) William Easterly cuenta la historia de Ghana, país que accedió a la independencia en 1957 (el extracto en castellano puede verse aquí en google books, páginas 23 a 26).

    Grandes planes tenía el gobierno de entonces, respaldado por generosos donantes exteriores en un contexto de rivalidad entre los EE.UU. y la Unión Soviética. El entonces presidente Nkrumah pensaba construir una represa hidroeléctrica sobre el rio Volta (que crearía el mayor lago artificial del mundo), la cual alimentaría en electricidad una fundición de aluminio. Esta a su vez no faltaría de generar todo un desarrollo industrial inducido. El potencial de crecimiento así generado sería al menos de 7% al año en la opinión de representantes del Banco Mundial.

    25 años más tarde, en 1983, nada del anunciado desarrollo industrial se había materializado. Por cierto, la empresa de aluminio estaba operando de las manos de una sociedad multinacional, y la represa también operaba. Sin embargo, el nivel de riqueza promedio era debajo del de 1957. No cuenta la historia si unos pocos han aprovechado el auge del aluminio, pero no fue el caso de los ghaneses pobres, dos tercios de los cuales eran entonces azotados por la malnutrición, ni de los que habían sufrido la inundación del lago Volta y estaban castigados por las plagas debidas al agua contaminada. Las fallas institucionales, la inestabilidad política, la corrupción, y la mala administración habían acabado con los sueños de desarrollo.

    El problema es que mientras perduran los incentivos perversos que favorecen las actividades improductivas de búsqueda de renta y penalizan las de producción y de innovación, lo que es el principio de tantas economías basadas en el clientelismo a través de cargos y contratos públicos, no se puede dar un desarrollo del tejido productivo que beneficie a la mayoría de la población.

    Por supuesto, cualquier parecido con la realidad presente o futura del Paraguay es mera coincidencia.

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